La coordinación de cultura de CECISO aperturó el 7 de mayo de 2009 el Primer Concurso de Ensayos de la Escuela de Ciencias Sociales, sobre utopías y distopías.
Cualquier estudiantes de la Escuela de Ciencias Sociales podía escribir un ensayo sobre el tema de máximo diez páginas, y lo podía entregar hasta el 12 de junio. Así su escrito sería evaluado por un jurado conformado por el Prof. Sergio Groppo, el Prof. Héctor Hurtado, y la coordinación de cultura de CECISO.
El ganador fue David Guenni de 1er año B. A continuación te ofrecemos este grandioso escrito que lleva como título "Alienópolis: la distopía imposible":
Estoy confiado. La inminencia de la muerte me ha brindado una nueva dimensión de pensamiento que muy probablemente experimenten no muchas personas; o debo decir “hermanos”, como oficialmente nos llamamos en este territorio. Y es que teóricamente mi “hermana” fue también la que me trajo al mundo, pues no distinguimos entre progenitores ni descendientes, ni parientes cercanos o lejanos. Aquello que alguna vez se llamaba “familia”, una especie de estructura social vertical y pequeña, fue abolida por la única madre que verdaderamente nos cría, nombre de la cual debemos repetir (por ley) 77 veces diarias en nuestro vocabulario: “La Patria”. Se preguntarán entonces ¿quién es el padre de aquellos hermanos? pues muy simple, el protector y único guía: “El Líder”, cuyo nombre verdadero es conocido, pero se nos prohíbe rotundamente inclusive pensar.
Afirmo mi confianza ante la providencia, si es que existe algo similar, pues de alguna manera siempre me consideré un sujeto atípico, una anomalía del sistema, una mutación diminuta de aquel enorme órgano familiar, aquella especie de madriguera común, en la que nos movemos por concepto de un motor que conocemos como “el Dinamo”. El Dinamo, ahora que lo veo de cerca, es un virus social. Es el nombre que el Estado le colocó al proceso de transformación absoluta que vivió nuestra nación, a partir de lo que en este lado del mundo es el año número uno.
Nací en esta comarca cuyo nombre propio no diré, pues aunque todos mis hermanos cercanos fallezcan antes de ser descubierto este escrito, la comunidad entera entrará en desgracia y muchos de sus miembros serán enviados al Futuro, lo cual es la pena máxima que se aplica en esta gran patria. El Futuro es una cárcel para los sancionados, la peor de las cárceles, pues es el fin del mundo. Es un lugar que, según cuentan los pocos que logran regresar (dentro de los cuales un grupo selecto conserva su integridad mental), no hay vida como tal, lo único que tiene vida es la destrucción total. En sí, el Futuro es el rumbo indeseable del cual nuestra Madre debe ser salvada y sobre el cual nuestro Padre nos comenta diariamente. El Futuro es nuestra misma razón de ser, es la realidad indeseable por la cual debemos llevar a cabo el Dinamo, si queremos evitar la eterna destrucción.
Pero el Futuro parecería muy lejano -aunque nuestra enorme Madriguera, que es la patria, no necesite de algún elemento externo en torno al cual deba unirse para realizar el Dinamo- y por lo tanto no es el único enemigo con el que contamos. El Padre supremo nos informa semanalmente de El Águila: una poderosa pero maligna mitad de la Tierra que llegó a conocerse como Occidente, hasta que ese nombre fue prohibido para el pensamiento. Las Guerras contra El Águila fueron devastadoras, según cuentan los hermanos antiguos, pero “peor era la visión del Futuro, que fue utilizada por el Padre en el año 7 para mantener el orden que las Guerras trajeron a las comarcas.” De esa época cuentan, y así debemos entenderlo, que nuestra Madre emergió más poderosa y vigorosa que nunca. El Águila casi desaparece, pero el mal lo hizo rebrotar de sus ruinas y desde entonces no descansa intentando quebrantar al Dinamo.
Retomo y digo, que de alguna manera soy una anomalía para esta Madriguera; siempre me consideré inmune al Dinamo a pesar de no conocer otra cosa, pues el Dinamo se nos ha impuesto considerarlo como parte de lo que está en nuestra misma sangre. Esta idea no está inspirada por ningún sentimiento maligno, ningún elemento de esos que “rigen a El Águila” como el egoísmo, el narcisismo o la competencia.
Esta idea la maduré básicamente por dos consideraciones: si este papel sobre el que escribo le pertenece a la Madre y es proporcionado directamente por el Padre, es de suponer que lo que sobre él se plasma tuviese un objetivo fundamental, un objetivo de alguna manera relacionado con la realización del Dinamo, pues el Dinamo no es otra cosa que la vida misma dentro de nuestras comarcas. Pero no es así. Este escrito es un grito diferente del que debemos ejecutar cada mañana en la máquina que mide los decibeles, cuya superación semanal es premiada con un nuevo tatuaje del Dinamo sobre alguna parte desocupada de nuestra piel. Ese grito diario del que hablo, es el grito de ovación al Padre (y es que el tatuaje es la única fuente de excitación emocional con la que contamos los hermanos). Pero en fin, el grito que propongo es un llamado proveniente de lo más íntimo de esa anomalía que me mueve y me ha hecho resistente a la alienación. Este grito que paso por escrito hoy, fecha que marca la mitad del año 2714 (a 2714 años del nacimiento del Padre), es la expresión más profunda de mi sangre.
La otra consideración que me llevó a esta idea del mutante que soy, es el hecho de que toda mi vida fui ajeno a la presión del Dinamo, pues no es para mí el sentido de la vida, y con esta mentalidad no sobreviven los hermanos más allá de la niñez. Pero yo logré convivir con esto y paradójicamente está más viva esta mentalidad en mi lecho de muerte que nunca antes.
En mi comarca todo funciona en aras de garantizar la permanencia tanto del Dinamo como del Padre, que maneja este proceso de cambio y nos “salva” constantemente del Futuro. Así que no hay excusa: los designios del ser supremo, que controla nuestra única posibilidad de alejarnos del Futuro, son más que órdenes, son dictámenes de nuestra propia sangre, pues en ésta corre parte del Dinamo. Por ende, mi vida ha sido una relación simbiótica con la Madriguera, que surgió en la comarca donde todo empezó, la comarca que vio nacer al Padre, que hoy es imperecedero.
Las Guerras de El Águila son una constante amenaza que supuestamente nos acecha día y noche. Así, parte de la realización del Dinamo consiste en la preparación para una eventual defensa o un ataque preventivo en contra de la mitad maligna del planeta.
Muchos mueren en el intento de sobrevivir dentro del Dinamo y de servir eternamente al Padre con la promesa de llegar a ver un Futuro digno. De hecho, nadie ha sobrevivido tanto como el mismo Padre, pero mi punto es que muchos mueren a tierna edad pues sus débiles cuerpos solicitan el Nutriente más de una vez al día, y no se dan cuenta de que para la Madre es más importante la defensa, que la sobrevivencia de sus frágiles cuerpos. Así es la concepción en todas las comarcas, que son exactamente iguales entre sí y forman a esa Madriguera de la que yo, hasta nuevo aviso, soy el único mutante que conozco; por supuesto que reconocer a otro sería imposible, pues una comunicación que revele esta condición sería una condena directa al Futuro. Yo, por mi parte, no le temo al Futuro, tercera razón (que olvidé mencionar) por la que me considero un ser extraño.
En la comarca, mi vida transcurrió entre las 7 faenas diarias que componen las metas del proceso de Salvación. Estas labores son comunes a todos los hermanos y hermanas de cada una de las comarcas y debilitan al ser hasta el punto de que jamás pueda llegar a plantearse cosas como las que yo guardé toda mi vida, pues nadie es inmune al Dinamo, al que yo considero un virus, a pesar de que no tengo nada con qué compararlo. La categoría de virus es algo que he meditado toda mi vida. Las labores de las que les hablaba se realizan de manera absolutamente uniforme entre todos los miembros de la Madriguera. La semana consta de 14 días en los que se destinan 7 horas al final de ésta para el reposo, reposo que es bombardeado con las imágenes del Futuro como advertencia hacia una posible aventura de los sueños que pueda distraer a la hermandad del objetivo final del Dinamo, objetivo que aparentemente nadie más ha visto exceptuando al Padre. El día es dividido en 7 partes de 3 horas cada una. La primera consta de las labores de producción de Nutriente (único producto de consumo) en los laboratorios subterráneos que se disponen seguros de cualquier amenaza. La segunda consta de la escritura de los preceptos del Padre que son revelados diariamente para dictaminar los caminos del proceso de Salvación. La tercera parte es la del entrenamiento para el combate y es obligatoria para hermanos y hermanas, por lo que la comarca es a su vez un enorme ejército en el que todos somos soldados activos. La cuarta parte la constituyen las tareas relacionadas con el análisis de los pensamientos del Padre, única fuente de inspiración y razonamiento con la que la Madre cuenta. La quinta parte del día es el conjunto de actividades de espionaje en contra de El Águila, que a su vez nos permite conocer algo sobre la mitad del mundo extraña a nosotros (de la cual sospecho en lo más íntimo de mi ser, que realmente no conocemos ni la infinitésima parte). La sexta parte del día, es aquella en la que hacemos mantenimiento del proceso de castigo del Futuro, hacia donde se envía no a los rebeldes (pues este fenómeno no es posible en la gran Madriguera) sino a los débiles de los que se sospecha pereza. La séptima y última parte del día es destinada a la asimilación del Nutriente, intravenoso suministro que verdaderamente no percibimos al adquirirlo. Las últimas 3 horas del día se destinan a la contemplación libre de la biografía audiovisual del Padre, con la que los más jóvenes aprenden el lenguaje único. Los adultos por su parte, destinan estas 3 horas restantes a la información que el Padre proporciona sobre los aspectos internos de la Madriguera y sobre el avance del Dinamo.
La distribución espacial de las comarcas es circular, a lo interno y a lo externo. Por lo tanto la gran Madriguera es un entorno absolutamente circular. En el centro está mi comarca, donde el punto central de esta viene siendo la Torre del Líder, que en sus calabozos más profundos esconde a la Máquina del Tiempo Matriz. Esta distribución pretende significar la supremacía de la autoridad absoluta inclusive sobre ese desconcertante Futuro. Además, el único con derecho a viajar al pasado es el Padre, pues ni sus hermanos cercanos poseen ese privilegio. Sus hermanos cercanos son los más fuertes de la Madriguera, los que han sobrevivido de manera más notoria a las dificultades del Dinamo, pero no difieren en sus actividades del resto de la hermandad, exceptuando el hecho de que son los jefes intermediarios entre el Padre y su Ejército General de Hermanos.
La hermandad de cada comarca está regulada en número, pues la fertilidad está regulada según la mortandad que se produzca. El crecimiento también está regulado artificialmente (en caso de que se necesiten adultos tras una crisis de mortandad por “debilidad” de los infantes) y nada más se producen alteraciones del completo orden demográfico si se presentan las llamadas “amenazas reales del Águila”, eventos después de los cuales es sacrificada la población en estado de muerte cercana, en el caso de que no sea posible enviarlos al Futuro. Así, se controla el tamaño de la hermandad y se garantiza la absoluta igualdad de tamaño de la Madriguera, que es indispensable según los preceptos del Dinamo. Las comarcas, por cierto, son 14 en total.
Por lo tanto, puedo afirmarles que el placer no existe en las comarcas. El sentimiento no es conocido del todo, al menos que consideremos la angustia por el Futuro como el único sentimiento (además del efímero dolor de los tatuajes que, como recompensa, son la única forma de sentirse vivo). Y es que las condiciones permanentes e inmutables de vida, son garantes de una fuerza increíble para los que logran sobrevivir, y anulan por completo la posibilidad de que se interponga la emoción entre los hermanos y sus faenas.
La reproducción es totalmente artificial, se realiza en incubadoras en donde los fluidos son fabricados y la fecundación es industrializada. Por lo tanto, generaciones y generaciones de hermanos han surgido sin la potestad reproductiva de la que comentan es necesaria en El Águila, facultad que se asocia con el Futuro. Ocurre así con los demás placeres, de los que se dice son experimentados en el Águila y son la esencia maligna que los mueve y pretende alejarnos del Dinamo.
El Águila es nuestra única referencia comparativa, a través de la cual conocemos todo lo “nefasto” en la vida como los placeres, el goce, el ocio, la pereza, las palabras del mundo exterior, el viaje, un tipo de Nutriente que llaman “alimento” y algunas ideas remotas sobre cuestiones que hemos escuchado vagamente, entre ellas, una cuya pronunciación me llamó siempre la atención: la palabra era algo así como “libertad…”.
Cuando digo que soy inmune a la filosofía del Dinamo, empleo términos extraños a la Madriguera, términos que de manera innata he bloqueado de los sensores mentales que vigilan nuestro lenguaje cerebral, y vigilan alguna influencia del Águila que pueda proceder de habilidades nuevas que esa parte del mundo haya desarrollado.
Por lo tanto no conozco enteramente el trasfondo de estos términos, pero ese mismo espíritu extraño me ha conducido a emplearlos de alguna manera que, desde lo más interior de mi sangre, parece coherente y es ajena al Dinamo.
Incluso, sé que esta condición mía me llevaría al Futuro (su Infierno) de ser rebelada a la comarca, pero no lo sé porque sea algo que ocurre por los mismos motivos dentro de la Madriguera, sino porque mi mente activa de cierta manera la alerta ante lo que los sensores mentales pudiesen considerar “rebeldía” (palabra extraña de la cual no poseo enteramente una idea clara).
De modo que hay algo en mí que contempla otra realidad. No ha sido fácil llegar a estas reflexiones siendo parte de la Madriguera por toda mi vida, pues el sistema es excluyente de posibilidades como las mías. Pero como les dije, la muerte me ha abierto la puerta de la realidad, una realidad que va más allá de este mundo doble-cara, del Dinamo, del Futuro, del Águila o de La Salvación. Y es en este instante que comprendí la utilidad de un papel y la posibilidad de la escritura, pues aunque nos instruyan de por vida en la lengua unitaria, la expresión es totalmente desconocida por los hermanos que me rodean. Sin sentimientos, no hay nada que se necesite expresar.
Ustedes se preguntarán ¿entonces cómo descubriste la expresión escrita? Pues sencillamente gracias a un hecho sobre el cual maduré la idea de que probablemente en aquel mundo exterior exista gente como ustedes que comprenda este grito del alma. Encontré un pedazo de papel con una frase sobre la cual llego a tener cierto entendimiento, y decía así: “alienación del ser humano”. La frase estaba escrita en el lenguaje unitario de la Madriguera y fue traída por el viento que circula de manera canalizada dentro de la comarca hacia nuestros puestos de labor. El trozo de papel se me escapó de las manos de la misma manera en la que llegó. Pueden ustedes imaginarse el impacto de este suceso sobre mi existencia. Probablemente sea la causa de mi muerte, pero es el punto terminal de mis reflexiones de vida, y estas son mi única “satisfacción”, si es que así se le puede llamar. La médula de estas reflexiones, trataré de exponérselas en las breves líneas que se ven limitadas por la porción de papel que extraje silenciosamente del puesto de labor, justo antes de anunciarse mi condición de moribundo.
La realidad es un fenómeno complejo en sí misma. Está marcada por eso que ustedes persiguen, eso que nosotros damos por sentado, eso que llaman “la verdad”. Nuestra realidad es construida sobre la base de este sistema que anula por completo la posibilidad de que se repita otro como yo, es decir, una anomalía, un ser único. Lo que probablemente sea el significado de las palabras “ser humano”. Pero sin embargo, no me considero el único ser humano en la Madriguera, aunque sí probablemente el único entre mis hermanos que esté consciente, tanto del vocablo como de la condición que este encierra. Pues mis hermanos son adaptaciones totales del sistema simbiótico que representa a esta estructura social, son partículas sin vida de un gran cuerpo cuya cabeza es el Padre. Mis hermanos por lo tanto, no conocen la realidad, pues la realidad les confiere habilidades y potencialidades que ignoran y que están más allá de los rasgos que los hacen sobrevivir dentro de este cuerpo que gira en torno al Dinamo. Mis hermanos están desligados de toda posibilidad de verdad así como la conciben ustedes. El sistema desaparece toda manifestación de conciencia, pues sus miembros no son actores y casi no se dan cuenta de sí mismos. Y no se cuestiona, no hay cabida para eso, pues ni siquiera las anomalías se pudiesen manifestar en caso de que yo no sea el único en mi especie.
Acepto entonces que este grito no podrá ser visto por nadie. Está apartado de los sensores mentales y del conocimiento del Padre. No podrá ser entendido por ninguno de mis hermanos y no podré revelarlo ni enviarlo a ningún lado, pues no conozco el medio y lo esconderé en lo profundo de la comarca con las últimas fuerzas que le disputo a la muerte en estos momentos. Pero el grito es un fin en sí mismo, es una meta, una manifestación de esperanza y de desahogo, sentimientos que recién empiezo a vislumbrar. La muerte me dice cosas, me agita y trata de conversar conmigo. Recuerdo entonces que seré sacrificado, pues la comarca no permite las muertes naturales. El Padre designa una comisión de sus hermanos cercanos para sacrificar a los moribundos, en aras de mantener la ilusión de que la hermandad sólo se modifica por sí misma y no por lo que ustedes llaman “naturaleza”.
Con un último respiro previo al arribo de los verdugos, les presento a mi ciudad, Alienópolis. De donde surgió la máxima expresión de la alienación del ser humano, bajo un sistema regulador y absoluto. Que anuló para siempre la posibilidad de la autonomía y existencia real del individuo. Que anuló, en sí mismo, al individuo.
Sé que estas ahí afuera… y eres libre como el pensamiento.
Afirmo mi confianza ante la providencia, si es que existe algo similar, pues de alguna manera siempre me consideré un sujeto atípico, una anomalía del sistema, una mutación diminuta de aquel enorme órgano familiar, aquella especie de madriguera común, en la que nos movemos por concepto de un motor que conocemos como “el Dinamo”. El Dinamo, ahora que lo veo de cerca, es un virus social. Es el nombre que el Estado le colocó al proceso de transformación absoluta que vivió nuestra nación, a partir de lo que en este lado del mundo es el año número uno.
Nací en esta comarca cuyo nombre propio no diré, pues aunque todos mis hermanos cercanos fallezcan antes de ser descubierto este escrito, la comunidad entera entrará en desgracia y muchos de sus miembros serán enviados al Futuro, lo cual es la pena máxima que se aplica en esta gran patria. El Futuro es una cárcel para los sancionados, la peor de las cárceles, pues es el fin del mundo. Es un lugar que, según cuentan los pocos que logran regresar (dentro de los cuales un grupo selecto conserva su integridad mental), no hay vida como tal, lo único que tiene vida es la destrucción total. En sí, el Futuro es el rumbo indeseable del cual nuestra Madre debe ser salvada y sobre el cual nuestro Padre nos comenta diariamente. El Futuro es nuestra misma razón de ser, es la realidad indeseable por la cual debemos llevar a cabo el Dinamo, si queremos evitar la eterna destrucción.
Pero el Futuro parecería muy lejano -aunque nuestra enorme Madriguera, que es la patria, no necesite de algún elemento externo en torno al cual deba unirse para realizar el Dinamo- y por lo tanto no es el único enemigo con el que contamos. El Padre supremo nos informa semanalmente de El Águila: una poderosa pero maligna mitad de la Tierra que llegó a conocerse como Occidente, hasta que ese nombre fue prohibido para el pensamiento. Las Guerras contra El Águila fueron devastadoras, según cuentan los hermanos antiguos, pero “peor era la visión del Futuro, que fue utilizada por el Padre en el año 7 para mantener el orden que las Guerras trajeron a las comarcas.” De esa época cuentan, y así debemos entenderlo, que nuestra Madre emergió más poderosa y vigorosa que nunca. El Águila casi desaparece, pero el mal lo hizo rebrotar de sus ruinas y desde entonces no descansa intentando quebrantar al Dinamo.
Retomo y digo, que de alguna manera soy una anomalía para esta Madriguera; siempre me consideré inmune al Dinamo a pesar de no conocer otra cosa, pues el Dinamo se nos ha impuesto considerarlo como parte de lo que está en nuestra misma sangre. Esta idea no está inspirada por ningún sentimiento maligno, ningún elemento de esos que “rigen a El Águila” como el egoísmo, el narcisismo o la competencia.
Esta idea la maduré básicamente por dos consideraciones: si este papel sobre el que escribo le pertenece a la Madre y es proporcionado directamente por el Padre, es de suponer que lo que sobre él se plasma tuviese un objetivo fundamental, un objetivo de alguna manera relacionado con la realización del Dinamo, pues el Dinamo no es otra cosa que la vida misma dentro de nuestras comarcas. Pero no es así. Este escrito es un grito diferente del que debemos ejecutar cada mañana en la máquina que mide los decibeles, cuya superación semanal es premiada con un nuevo tatuaje del Dinamo sobre alguna parte desocupada de nuestra piel. Ese grito diario del que hablo, es el grito de ovación al Padre (y es que el tatuaje es la única fuente de excitación emocional con la que contamos los hermanos). Pero en fin, el grito que propongo es un llamado proveniente de lo más íntimo de esa anomalía que me mueve y me ha hecho resistente a la alienación. Este grito que paso por escrito hoy, fecha que marca la mitad del año 2714 (a 2714 años del nacimiento del Padre), es la expresión más profunda de mi sangre.
La otra consideración que me llevó a esta idea del mutante que soy, es el hecho de que toda mi vida fui ajeno a la presión del Dinamo, pues no es para mí el sentido de la vida, y con esta mentalidad no sobreviven los hermanos más allá de la niñez. Pero yo logré convivir con esto y paradójicamente está más viva esta mentalidad en mi lecho de muerte que nunca antes.
En mi comarca todo funciona en aras de garantizar la permanencia tanto del Dinamo como del Padre, que maneja este proceso de cambio y nos “salva” constantemente del Futuro. Así que no hay excusa: los designios del ser supremo, que controla nuestra única posibilidad de alejarnos del Futuro, son más que órdenes, son dictámenes de nuestra propia sangre, pues en ésta corre parte del Dinamo. Por ende, mi vida ha sido una relación simbiótica con la Madriguera, que surgió en la comarca donde todo empezó, la comarca que vio nacer al Padre, que hoy es imperecedero.
Las Guerras de El Águila son una constante amenaza que supuestamente nos acecha día y noche. Así, parte de la realización del Dinamo consiste en la preparación para una eventual defensa o un ataque preventivo en contra de la mitad maligna del planeta.
Muchos mueren en el intento de sobrevivir dentro del Dinamo y de servir eternamente al Padre con la promesa de llegar a ver un Futuro digno. De hecho, nadie ha sobrevivido tanto como el mismo Padre, pero mi punto es que muchos mueren a tierna edad pues sus débiles cuerpos solicitan el Nutriente más de una vez al día, y no se dan cuenta de que para la Madre es más importante la defensa, que la sobrevivencia de sus frágiles cuerpos. Así es la concepción en todas las comarcas, que son exactamente iguales entre sí y forman a esa Madriguera de la que yo, hasta nuevo aviso, soy el único mutante que conozco; por supuesto que reconocer a otro sería imposible, pues una comunicación que revele esta condición sería una condena directa al Futuro. Yo, por mi parte, no le temo al Futuro, tercera razón (que olvidé mencionar) por la que me considero un ser extraño.
En la comarca, mi vida transcurrió entre las 7 faenas diarias que componen las metas del proceso de Salvación. Estas labores son comunes a todos los hermanos y hermanas de cada una de las comarcas y debilitan al ser hasta el punto de que jamás pueda llegar a plantearse cosas como las que yo guardé toda mi vida, pues nadie es inmune al Dinamo, al que yo considero un virus, a pesar de que no tengo nada con qué compararlo. La categoría de virus es algo que he meditado toda mi vida. Las labores de las que les hablaba se realizan de manera absolutamente uniforme entre todos los miembros de la Madriguera. La semana consta de 14 días en los que se destinan 7 horas al final de ésta para el reposo, reposo que es bombardeado con las imágenes del Futuro como advertencia hacia una posible aventura de los sueños que pueda distraer a la hermandad del objetivo final del Dinamo, objetivo que aparentemente nadie más ha visto exceptuando al Padre. El día es dividido en 7 partes de 3 horas cada una. La primera consta de las labores de producción de Nutriente (único producto de consumo) en los laboratorios subterráneos que se disponen seguros de cualquier amenaza. La segunda consta de la escritura de los preceptos del Padre que son revelados diariamente para dictaminar los caminos del proceso de Salvación. La tercera parte es la del entrenamiento para el combate y es obligatoria para hermanos y hermanas, por lo que la comarca es a su vez un enorme ejército en el que todos somos soldados activos. La cuarta parte la constituyen las tareas relacionadas con el análisis de los pensamientos del Padre, única fuente de inspiración y razonamiento con la que la Madre cuenta. La quinta parte del día es el conjunto de actividades de espionaje en contra de El Águila, que a su vez nos permite conocer algo sobre la mitad del mundo extraña a nosotros (de la cual sospecho en lo más íntimo de mi ser, que realmente no conocemos ni la infinitésima parte). La sexta parte del día, es aquella en la que hacemos mantenimiento del proceso de castigo del Futuro, hacia donde se envía no a los rebeldes (pues este fenómeno no es posible en la gran Madriguera) sino a los débiles de los que se sospecha pereza. La séptima y última parte del día es destinada a la asimilación del Nutriente, intravenoso suministro que verdaderamente no percibimos al adquirirlo. Las últimas 3 horas del día se destinan a la contemplación libre de la biografía audiovisual del Padre, con la que los más jóvenes aprenden el lenguaje único. Los adultos por su parte, destinan estas 3 horas restantes a la información que el Padre proporciona sobre los aspectos internos de la Madriguera y sobre el avance del Dinamo.
La distribución espacial de las comarcas es circular, a lo interno y a lo externo. Por lo tanto la gran Madriguera es un entorno absolutamente circular. En el centro está mi comarca, donde el punto central de esta viene siendo la Torre del Líder, que en sus calabozos más profundos esconde a la Máquina del Tiempo Matriz. Esta distribución pretende significar la supremacía de la autoridad absoluta inclusive sobre ese desconcertante Futuro. Además, el único con derecho a viajar al pasado es el Padre, pues ni sus hermanos cercanos poseen ese privilegio. Sus hermanos cercanos son los más fuertes de la Madriguera, los que han sobrevivido de manera más notoria a las dificultades del Dinamo, pero no difieren en sus actividades del resto de la hermandad, exceptuando el hecho de que son los jefes intermediarios entre el Padre y su Ejército General de Hermanos.
La hermandad de cada comarca está regulada en número, pues la fertilidad está regulada según la mortandad que se produzca. El crecimiento también está regulado artificialmente (en caso de que se necesiten adultos tras una crisis de mortandad por “debilidad” de los infantes) y nada más se producen alteraciones del completo orden demográfico si se presentan las llamadas “amenazas reales del Águila”, eventos después de los cuales es sacrificada la población en estado de muerte cercana, en el caso de que no sea posible enviarlos al Futuro. Así, se controla el tamaño de la hermandad y se garantiza la absoluta igualdad de tamaño de la Madriguera, que es indispensable según los preceptos del Dinamo. Las comarcas, por cierto, son 14 en total.
Por lo tanto, puedo afirmarles que el placer no existe en las comarcas. El sentimiento no es conocido del todo, al menos que consideremos la angustia por el Futuro como el único sentimiento (además del efímero dolor de los tatuajes que, como recompensa, son la única forma de sentirse vivo). Y es que las condiciones permanentes e inmutables de vida, son garantes de una fuerza increíble para los que logran sobrevivir, y anulan por completo la posibilidad de que se interponga la emoción entre los hermanos y sus faenas.
La reproducción es totalmente artificial, se realiza en incubadoras en donde los fluidos son fabricados y la fecundación es industrializada. Por lo tanto, generaciones y generaciones de hermanos han surgido sin la potestad reproductiva de la que comentan es necesaria en El Águila, facultad que se asocia con el Futuro. Ocurre así con los demás placeres, de los que se dice son experimentados en el Águila y son la esencia maligna que los mueve y pretende alejarnos del Dinamo.
El Águila es nuestra única referencia comparativa, a través de la cual conocemos todo lo “nefasto” en la vida como los placeres, el goce, el ocio, la pereza, las palabras del mundo exterior, el viaje, un tipo de Nutriente que llaman “alimento” y algunas ideas remotas sobre cuestiones que hemos escuchado vagamente, entre ellas, una cuya pronunciación me llamó siempre la atención: la palabra era algo así como “libertad…”.
Cuando digo que soy inmune a la filosofía del Dinamo, empleo términos extraños a la Madriguera, términos que de manera innata he bloqueado de los sensores mentales que vigilan nuestro lenguaje cerebral, y vigilan alguna influencia del Águila que pueda proceder de habilidades nuevas que esa parte del mundo haya desarrollado.
Por lo tanto no conozco enteramente el trasfondo de estos términos, pero ese mismo espíritu extraño me ha conducido a emplearlos de alguna manera que, desde lo más interior de mi sangre, parece coherente y es ajena al Dinamo.
Incluso, sé que esta condición mía me llevaría al Futuro (su Infierno) de ser rebelada a la comarca, pero no lo sé porque sea algo que ocurre por los mismos motivos dentro de la Madriguera, sino porque mi mente activa de cierta manera la alerta ante lo que los sensores mentales pudiesen considerar “rebeldía” (palabra extraña de la cual no poseo enteramente una idea clara).
De modo que hay algo en mí que contempla otra realidad. No ha sido fácil llegar a estas reflexiones siendo parte de la Madriguera por toda mi vida, pues el sistema es excluyente de posibilidades como las mías. Pero como les dije, la muerte me ha abierto la puerta de la realidad, una realidad que va más allá de este mundo doble-cara, del Dinamo, del Futuro, del Águila o de La Salvación. Y es en este instante que comprendí la utilidad de un papel y la posibilidad de la escritura, pues aunque nos instruyan de por vida en la lengua unitaria, la expresión es totalmente desconocida por los hermanos que me rodean. Sin sentimientos, no hay nada que se necesite expresar.
Ustedes se preguntarán ¿entonces cómo descubriste la expresión escrita? Pues sencillamente gracias a un hecho sobre el cual maduré la idea de que probablemente en aquel mundo exterior exista gente como ustedes que comprenda este grito del alma. Encontré un pedazo de papel con una frase sobre la cual llego a tener cierto entendimiento, y decía así: “alienación del ser humano”. La frase estaba escrita en el lenguaje unitario de la Madriguera y fue traída por el viento que circula de manera canalizada dentro de la comarca hacia nuestros puestos de labor. El trozo de papel se me escapó de las manos de la misma manera en la que llegó. Pueden ustedes imaginarse el impacto de este suceso sobre mi existencia. Probablemente sea la causa de mi muerte, pero es el punto terminal de mis reflexiones de vida, y estas son mi única “satisfacción”, si es que así se le puede llamar. La médula de estas reflexiones, trataré de exponérselas en las breves líneas que se ven limitadas por la porción de papel que extraje silenciosamente del puesto de labor, justo antes de anunciarse mi condición de moribundo.
La realidad es un fenómeno complejo en sí misma. Está marcada por eso que ustedes persiguen, eso que nosotros damos por sentado, eso que llaman “la verdad”. Nuestra realidad es construida sobre la base de este sistema que anula por completo la posibilidad de que se repita otro como yo, es decir, una anomalía, un ser único. Lo que probablemente sea el significado de las palabras “ser humano”. Pero sin embargo, no me considero el único ser humano en la Madriguera, aunque sí probablemente el único entre mis hermanos que esté consciente, tanto del vocablo como de la condición que este encierra. Pues mis hermanos son adaptaciones totales del sistema simbiótico que representa a esta estructura social, son partículas sin vida de un gran cuerpo cuya cabeza es el Padre. Mis hermanos por lo tanto, no conocen la realidad, pues la realidad les confiere habilidades y potencialidades que ignoran y que están más allá de los rasgos que los hacen sobrevivir dentro de este cuerpo que gira en torno al Dinamo. Mis hermanos están desligados de toda posibilidad de verdad así como la conciben ustedes. El sistema desaparece toda manifestación de conciencia, pues sus miembros no son actores y casi no se dan cuenta de sí mismos. Y no se cuestiona, no hay cabida para eso, pues ni siquiera las anomalías se pudiesen manifestar en caso de que yo no sea el único en mi especie.
Acepto entonces que este grito no podrá ser visto por nadie. Está apartado de los sensores mentales y del conocimiento del Padre. No podrá ser entendido por ninguno de mis hermanos y no podré revelarlo ni enviarlo a ningún lado, pues no conozco el medio y lo esconderé en lo profundo de la comarca con las últimas fuerzas que le disputo a la muerte en estos momentos. Pero el grito es un fin en sí mismo, es una meta, una manifestación de esperanza y de desahogo, sentimientos que recién empiezo a vislumbrar. La muerte me dice cosas, me agita y trata de conversar conmigo. Recuerdo entonces que seré sacrificado, pues la comarca no permite las muertes naturales. El Padre designa una comisión de sus hermanos cercanos para sacrificar a los moribundos, en aras de mantener la ilusión de que la hermandad sólo se modifica por sí misma y no por lo que ustedes llaman “naturaleza”.
Con un último respiro previo al arribo de los verdugos, les presento a mi ciudad, Alienópolis. De donde surgió la máxima expresión de la alienación del ser humano, bajo un sistema regulador y absoluto. Que anuló para siempre la posibilidad de la autonomía y existencia real del individuo. Que anuló, en sí mismo, al individuo.
Sé que estas ahí afuera… y eres libre como el pensamiento.
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